16 de diciembre de 2017-12-16

Querido Penario

 

Hoy mi penar es universal, creo que buena parte del país ha llorado esta historia.

Hoy mi tristeza es oscura y dolorosa porque tiene que ver con niños víctimas de un régimen inhumano, cruel, resentido, perverso.

No hay manera de meterle poesía a esta historia funesta, la verdad es que tampoco hay una manera fácil de contarla.

Hoy supimos que en el aeropuerto Internacional de Maiquetía -en Venezuela- hay más de 130 niños que iban a viajar a Perú a reunirse con sus padres y que, por alguna orden superior, están varados –graciosa manera de decir que están encerrados, secuestrados, aislados de sus familiares desde ayer a las dos de la tarde.

Son hijos de padres que viajaron a Perú a hacer lo que hace un inmigrante: buscar la prosperidad o, al menos, el bienestar de su familia sabiendo que al partir dan inicio a una cadena de corazones rotos, de tristezas permanentes y esperanzas anquilosadas.

Pero estos niños -gracias a la acción de la ONG Unión Venezolana en Perú, que recaudó los fondos para que pudieran hacer el viaje- tuvieron lo que pocos hijos de emigrantes tienen –la dicha de entregarse al abrazo protector y amoroso de esa otra mitad de sus pequeñitas vidas, iban llenos de ilusión a pasar los días de Navidad con el padre o la madre añorados.

Estos muchachitos fueron felices hasta que llegó la dictadura y les dijo que no salían, que esos mismos documentos que días atrás el mismo régimen había legalizado son ahora falsos. La risa de esos niños duró hasta que la revolución los secuestró dejándolos –solos- en un limbo aeroportuario del cual no han podido salir durante más de 24 horas, aislados de sus madres o abuelos que mueren de angustia del otro lado de la aduana, del lado de acá, el lado del desconcierto y la desesperación de saber que sus hijitos, de cinco, once, tres años permanecen encerrados, sin comida, sin cuidados, sin nadie que les explique –no solo que ya no van a ver a papá o a mamá- sino que tampoco pueden salir del encierro que los separa de la otra seguridad que les queda aquí. Sus únicas certezas.

Después de esto queda poco por escribir. La crueldad de esta acción, la maldad, la perversa barbarie que ella entraña deja poco espacio a mayores explicaciones. No es de extrañar en un país cuyo gobernante –si es que a lo que hace se le puede llamar gobernar- auspicia, baila y ríe la muerte de niños por desnutrición, de enfermos por ausencia de medicinas y de ciudadanos por el hampa.

No es de extrañar esta historia truculenta en un régimen genocida como el de Nicolás Maduro.

 

Autor: Ana Black

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1 Comment

  1. Triste la forma como este gobierno inhumano y sin sentimientos actúa en contra de esos niños que me imagino hasta para algunos era primera vez que abordaban un avión y esa alegría se convirtió en lágrimas y tristeza al no poder ver a sus familiares y disfrutar del vuelo .te felicito por elevar con tu pluma esa protesta que dios te bendiga.

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