Música para valientes

Vida y muerte violín padre y madre

canta el violín y Becho es el aire

ya no puede tocar en la orquesta

porque amar y cantar, eso cuesta…

 (El violín de Becho. Soledad Bravo)

https://www.youtube.com/watch?v=hpXuLwomaiA

 

 

—Cuando a Wuilly lo hieren estábamos tocando una pieza que él hizo que se parece mucho a la Danza macabra. El color, el tiempo de la música lleva mucho suspenso, lleva mucha presión. En ese momento yo cargaba el cuatro descordado porque me lo había roto la guardia en el Metro y lo estaba arreglando, empezaba a tocar pero tocando se me desafinaba y Wuilly me dice: «Viejo, no importa, no te preocupes por la afinación pero ese es golpe». Era algo como tácata tácata tan tan tan, tácata tácata tan tan tan… Ese es justo el momento en que lo hieren. Él tiene el tiempo tomado de cuando la situación se torna más violenta, es cuando Wuilly realmente más aprieta y va más al frente.

Habla Rafael Abreu, músico. Lo llaman El Viejo porque para los jóvenes con los que toca en las calles lo es, ya cumplió los sesenta años y el mayor de esos muchachos tiene apenas 28. A Rafael lo conocen en el medio musical porque su vida ha estado relacionada especialmente con el Sistema Nacional de Orquestas desde los tiempos en los que el primer núcleo de la Orquesta Sinfónica Juvenil fue fundado en Barquisimeto, donde vivía y estudiaba música. Rafael acompaña a los muchachos, los ayuda, les da aliento y con Wuilly estableció una relación especial atraído, no sólo por el talento del violinista sino por su arrojo.

—Su hermano comentó en una entrevista en radio que era tanta la intención que Wuilly tenía de ir a la calle que le dijo a la mamá: «Mira mamá, ya yo no puedo dejar que sigan pasando cosas y que yo no pueda hacer nada, yo quiero ir a las marchas pero yo no quiero tirar piedras. Mamá yo voy a tocar en las marchas. Me voy a la calle a tocar».

La primera imagen que tuvimos de Wuilly fue la de un joven muy flaquito pero decidido tocando el violín frente a un batallón de Guardias Nacionales. Es una visión de gran producción cinematográfica, Wuilly aferrado a su violín toca y le habla a los guardias, ellos le apuntan y él sigue tocando, con más frenesí, con más intensidad, con más orgullo. Los guardias le disparan bombas lacrimógenas a los pies y –aunque disminuido físicamente- crece con su música, da un paso adelante y mueve el arco sobre las cuerdas dando testimonio al mundo de lo que es coraje y evidenciando lo que es cobardía. La valentía aquí, en un solitario violín orgulloso, la miseria humana de aquel lado, escondida bajo unas corazas de cucarachas verdes. El humo espeso y asfixiante, más que amedrentar al destinatario, pareciera estar allí para esconder la bajeza de quienes lo propagan: La vergonzosa Guardia Nacional Bolivariana de Nicolás Maduro.

—Wuilly no huye, Wuilly va hacia adelante. Wuilly no corre, Wuilly se queda parado y sigue tocando y si no lo rescatan y se lo llevan él se queda ahí. Por eso es que su figura es tan emblemática porque es un acto de valentía, no es un acto de fanfarronería.

—¿Y qué dice él? ¿Por qué lo hace?

—Dice que con su música demuestra lo que es y en lo que cree y a la gente esto le hace falta. Yo te lo digo que lo he visto, la gente cambia absolutamente. Me voy a levantar para explicarte— Y se pone de pie y empieza a gesticular mientras habla. Baja los hombros como indicando aprensión y me explica que es la posición de los muchachos de la resistencia antes de enfrentar a los guardias «Y luego los muchachos, cuando escuchan la música, cambian» El Viejo se endereza, orgulloso. Crece, estira los brazos y el cuello y con el cuerpo envía un mensaje de decisión, de valor. «La música les insufla la voluntad de ser más valientes. Es la arenga, aquello que vemos en las películas cuando el comandante se levanta y arenga a su tropa, cuando suena la música no es necesario hablar, la gente camina, corre más rápido y a mí me ha pasado, a mi me pasa. Esa es básicamente la motivación de Wuilly, hacer sentir a la ciudadanía que se puede protestar sin violencia y que cuando hemos caído en la espiral de violencia es porque hemos sido provocados.

El último evento que hicimos el viernes pasado (4 de agosto), ya yo salí a marchar con la franela «Liberen a Wuilly», yo llevaba mi cuatro e iba tocando una tonada muy sencilla que compuse:

Liberen a Wuilly

Liberen a Wuilly

no hace nada malo

Tocar y luchar

Que es la razón de ser de nosotros en la Orquesta: Tocar y luchar. Ese es nuestro lema, de hecho, todos los músicos de la Orquesta usamos un distintivo que es una guitarrita dorada y detrás dice: Tocar y luchar. Ese día alguien nos dijo a los músicos: «Mira, vamos a hacer una cosa, para que ustedes sepan, Resistencia se va a quedar aquí» Entonces llaman ¡Resistencia se queda atrás! Vayan ustedes y verán que nos van a reprimir sin que siquiera nos vean». Tal cual, yo me llegué al frente, me puse a tocar, tenía toda la prensa y no habíamos llegado ni siquiera a doscientos metros antes de Chacaíto, donde nos estaban esperando, y empezaron a disparar. No había ni un solo muchacho de la Resistencia ni siquiera con una bandera.

—Ese día, cuando lo hirieron, llegamos a la avenida Libertador por la torre Xerox, frente al Liceo Gustavo Herrera. Ahí empezamos a afinar y comenzamos. Íbamos Gian Marco, el que lo acompaña siempre con la caja, a la izquierda de Wuilly y yo a su derecha. Comenzamos a tocar, justo cuando llegamos al Burguer King que hay allí, la Guardia Nacional, que para ese momento estaba en la autopista, esperando quizás que los de la resistencia llegaran a La Carlota, comienzan a disparar por encima de la avenida y las bombas caían en dos depósitos del Metro que hay ahí. Cruzamos a la izquierda y no hay Guardia Nacional, apenas están algunos de la resistencia. Justo en ese momento sentimos las motos que suben, se tragan la flecha por ese cruce que hay para bajar a la autopista y cuando reaccionamos tenemos a 50 motos de la Guardia a 25 metros de nosotros y no hay nadie alante. Comienzan a disparar y veíamos cómo pasaban perdigones, metras, tuercas, nos agachamos porque vamos tocando de pie y yo casi me acuesto y me cubro con el cuatro porque no llevo más nada. Cuando volteo ya Wuilly no está a mi lado, miro hacia allá, hacia la torre Xerox y ya a Wuilly lo habían trasladado, ya lo estaban atendiendo los muchachos de la Cruz Verde y veo que lo tienen con la cara tapada y con un paño ensangrentado.

—Pensaste lo peor.

—Lo peor. Intento levantarme e inmediatamente llegaron los muchachos y me llevaron allá. Wuilly estaba acostado. Inmediatamente nos montan en unas motos, nos sacan de allí y nos llevan a la clínica El Ávila. Wuilly tenía una herida como la gente que tiene labio leporino y en la parte del labio abajo.

—Y esa es la foto que vimos con la boca inflamada.

—Exactamente y los dos perdigonazos eran por debajo de la ceja izquierda y otro en la ceja derecha. Por eso insisto a Wuilly alguien le disparó a propósito «Mira ahí está el muchacho del violín ¡Púcutu!». Porque, no nos dio a nosotros. Yo voy pegado con él y a mi ni siquiera me rozaron y al otro músico apenas un perdigón le rozó el brazo. Fue con mucha saña, demasiado directo para que no haya sido a propósito.

—Y no había escuderos, no había nadie lanzando vainas o bombas molotov?

—Nadie. Íbamos al frente.

—Tres músicos.

—Claro, tres músicos. Cuando cruza la GN básicamente lo que tenemos delante es sociedad civil entonces todo el mundo huye, se meten en el negocio que queda justo en la esquina y nos quedamos solos. Luego es que los escuderos vienen a auxiliarnos y lo lograron con muchísima valentía, no dejaré de repetirlo, porque en mi caso yo quedé en medio de la calle y los muchachos me llevaron hasta allá. Yo realmente aseguro que a Wuilly le dispararon a propósito. A la clínica se presentaron unos funcionarios del CICPC preguntando por él.

 

No había pasado una semana cuando Wuilly y Gian Marco -el chamo que toca el cajón- habían sido detenidos y encarcelados. En el más perverso estilo de la dictadura de Nicolás Maduro, este joven violinista de 23 años, fue brutalmente detenido. Las fuerzas armadas bolivarianas consideraron –en su cobardía infinita y en su miedo irracional- que había que reducir con toda ferocidad a un muchacho que tocaba violín así es que, entre otras medidas de sometimiento decidieron partirle el instrumento en la cabeza. Parece que debido a esos golpes está sordo de un oído. No se sabe con certeza porque lo mantuvieron aislado hasta de sus abogados los 19 días que estuvo preso. Sólo su madre pudo verlo y consolarlo por unos minutos.

El martes el régimen volvió a actuar, como lo hace siempre, de noche y a escondidas, como las cucarachas. Soltaron a Wuilly -sin avisar a sus defensores, mucho menos a la familia- en mitad de una calle oscura. Lo sacaron de la cárcel pero lo siguen considerando un criminal, debe presentarse ante las autoridades cada semana a calmar con su presencia la sed de miseria de la dictadura.

Ayer lo vimos -sin brillo en los ojos, sin pasión, como muerto por dentro- declarar y repetir un discurso que no era suyo. Despojado de todo arrojo, con la icónica sonrisa desvanecida lo oímos corear una letanía, breve esta vez, que en tantas oportunidades le hemos escuchado a los esbirros.

 

Autor: Ana Black

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1 Comment

  1. Dolor en el alma

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