Otro manual para dejar de fumar

Todo el que no fuma le dice que abandone ese terrible vicio que, aunque usted se sienta sano como un futbolista, lo está matando. Todo aquel que piensa que no tiene vicios (porque de tener, pues vicios tenemos todos, no me va usted a negar que registrarse las orejas en el carro y lanzar el producto de la exploración por la ventanilla, tocar la corneta compulsivamente o no poder dejar de hablar de Chávez y sus disparates, son vicios, y de los peores), le aconseja que haga el esfuercito. Y, ahí está usted, en pleno conocimiento de que aquello que le machacan es cierto pero usted igual voltea las cajetillas de cigarros para no ver los adefesios de fotos que ahora traen impresos (como si el mal gusto y los sistemas de persuasión del siglo pasado ayudaran), se cuela un cafecito a media mañana para… ¡Uy, que rico! fumarse su cigarriiito, se recuesta en la silla antes de empezar a escribir y… Bueno, bueno, sigamos, que esto se trata de dejarlo no de entusiasmarnos otra vez.

Pensando en usted, amigo fumador, hemos diseñado este innovador sistema para erradicar de su vida, no tanto la atroz dependencia sino el insoportable chachareo de los abanderados del no fumar. Pruebe, nada pierde, siga paso a paso las indicaciones de este manual y, después me cuenta.

1.- Propóngaselo. Con anticipación, un par de años antes hágase el firme propósito de abandonar ese nefasto vicio. Escoja una fecha importante, por ejemplo el día de su aniversario de bodas número veintitrés y júrele a su pareja que para el XXV aniversario (fecha redondita y encantadora) le dará la sorpresa de su vida.

2.- En lugar de usar el ascensor suba a pie (esta medida no vale si el apartamento o la oficina quedan en el primer piso), cuando esté soltando el bofe júrese que va a dejar de fumar y de inmediato pulse el botoncito salvador, que tampoco se trata de morir indignamente asfixiado en un pasillo. Si hace esto cada día (o día por medio) puede que a la larga deje de fumar, si no, pues, ni modo.

3.- Cada vez que encienda un cigarrillo piense en fumarse sólo la mitad. Como lo más probable es que recuerde la intención que tenía cuando se lo haya fumado completo, insista con el siguiente y así hasta que lo logre.

4.- Póngase metas que pueda alcanzar ¡y superar! con facilidad y que puedan ayudarle a disminuir el encendido diario, como por ejemplo: mañana no voy a tomar café… OK, mañana me voy a tomar sólo dos cafés… Está bien, mañana… no voy a tomar tanto café. Y así.

5.- Saque la cuenta de cuánto gasta en el vicio cada mes. Horrorícese. Jure que, aunque no sea por su salud, lo va a abandonar por la salud de la economía familiar. Si a la larga este argumento no le resulta efectivo, solicite un aumento de sueldo.

6.- Aléjese de los no fumadores activo-compulsivos, es sabido que tanta insistencia es contra producente. Reúnase más bien con sus pares fumones y hable el tema con toda la confianza que la comprensión de sus colegas le brinda. Créame, esta práctica, a la larga, dejará algún efecto en su subconsciente y algún día, cualquier día, puede que se despierte sin ganas de fumar para siempre jamás.

7.-  Coma chicle hasta que le duela la mandíbula, entonces y sólo entonces, prenda su cigarrito. ¡Se lo merece por el esfuerzo realizado!

8.- Hablando de esfuerzos, contemple la posibilidad de practicar una actividad física, natación, por decir algo (subir cerro o correr en el parque es como demasiado para empezar). Lo más probable es que cuando termine la rutina se muera por fumarse un cigarrito ¡pues hágalo! Al fin y al cabo, si saca la cuenta –entre que se puso el traje de baño, entró a la piscina, nadó durante una hora con el entrenador pegado a la oreja obligándolo a esforzarse más, se salió, le oyó los regaños al entrenador, se bañó y cogió calle– usted ha estado sin fumar casi dos horas y eso es un logro.

9.- Si lo de la natación se le hace difícil por cualquier razón, como que no sabe nadar, por ejemplo, piense en la posibilidad de practicar gimnasia pasiva, esto es: se acuesta en su cama y se imagina que está haciendo gimnasia. El efecto sicológico de esta práctica es realmente positivo. Ahora, si le dan ganas de fumar después de esto, tenemos que decirle: usted es de lo último.

 

Autor: Ana Black

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