Pues…

“Pues, bienvenidos a otra edición de La Noticia Rapidita que pues, se transmite desde esta hora y, pues hasta la una. Entrando en materia pues, en lo referido al tema que ocupa pues la atención de la opinión pública del país como es el de las apariciones pues, les contamos que la ciudad amaneció pues, sorprendida de nuevo ante una invasión de fantasmas esqueléticos que pues, volaban sobre calabazas. En relación a esto pues, el director del CICPC dijo a nuestros reporteros que se trata pues de otra estrategia terrorista de la oposición y que pues…”

Así habla ante cámaras y micrófonos la nueva generación de narradores de noticias -y cmnicdres sciales en general- de nuestros medios de comunicación. No sé de dónde habrán sacado que esa muletilla es elegante, ingeniosa o creativa; quién sabe, a lo mejor piensan que eso le da un toque coloquial a sus intervenciones y los acerca al público. Puede ser también que yo no esté actualizada y el puesismo forme parte de una nueva estrategia comunicacional aprendida en las universidades (así como el “háblenos un poco de…” o “el tiempo se nos viene encima”). Lo cierto es que, llegado el quincuagésimo octavo “pues” cuando todavía van por la mitad de la primera noticia, al menos a mi, no me queda otro recurso que cambiar de emisora o apagar el televisor para brindarle a mi cerebro la oportunidad de procesar la información una vez desprovista de muletillas y frases hechas. Y siempre termino haciéndome la misma pregunta: ¿No habrá en esa empresa alguien que siente a los muchachitos y los instruya, los oriente, los saque del error y de ñapa nos brinde a los oyentes un poco de paz? ¿No debería existir una figura que los tomara de la mano (o de la lengua) y les dijera, todo amor, todo espíritu didáctico: “mija (jo), eso no se dice”? ¿Es que no hay nadie que les diga que el cantadito insoportable de los reporteros de CNN es, además de pesado, producto de su condición de personas bilingües y que a los criollos les queda en extremo ridículo? ¿Hay alguien allí?

Y, ya que estamos en esto, confieso que no es sólo el abuso de la conjunción lo que me altera el estado consciente, son las barbaridades que sueltan entre pues y pues. Un día, cuando ya mi asombro comenzó a dar muestras de extremo agotamiento, decidí anotar cada frase que me hiciera estremecer. A continuación…

Aunque no lo crean uno de ellos dijo que “no habían hecho caso omiso”. Otro nos contó que “aperturaron de nuevo el teleférico…”. Un día, una reportera percibía “un fuertísimo olor a…”, y otra se preguntaba que “hasta cuándo se puede estar tolerante”. Otro nos vendía las maravillas de la “Atención personificada” y todos quieren que entendamos que “la llamada cuesta 500 bolívares masiva”. Hace pocos días una chica nos hablaba de “unos infórmenes” (supongo que lleva acento en la o) que alguien había presentado. En una oportunidad sufrimos con un reportero que no encontraba la manera de “accesibilizar a…”, y con otro que, tras horas de espera nos explicaba que “eso me impide no moverme de aquí”. Lo acompañamos en su angustia y en la de quien, en el mismo estado de confusión, no sabía “cómo evitar que estas cosas no se repitan”. Un narrador deportivo hablaba de un corredor de Fórmula 1 que no había “volvido” a aparecer. De lujo estuvo aquella que nos explicaba algo sobre el “modus viviendi” y el otro que se refería al “modus operandin” y ni les cuento del de la “subsidiariedad”. Para qué hablar de quien describía cómo se habían dado los hechos en el “fraguor de la batalla”. Un saludo cordial a todos aquellos que todavía piensan que se puede permisar, accesar, controlabilizar, imputarizar y pensar deque.

Y, parafraseando a un narrador de noticias, pues… me despido hasta mañana donde estaremos de nuevo con…

 

Autor: Ana Black

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