Dios nos salve, María

Y, si está en tus posibilidades, tu que estás llena de gracia, pídele al Señor (que todos sabemos que está contigo), que por favorcito nos salve a los venezolanos también. ¡A todos, María! A los de aquí y a los de allá; a los que mandan y a los que deciden; a los que no quieren votar y a los que sí quieren; a los que queríamos y ahora no sabemos, y a los que no saben pero todavía quieren; a los que no entendemos nada y a los que hacen que entienden;  a los que hablan y a los que nos cotorrean; a los que saben y a quienes no tienen idea; a los que creen y a los que nos quieren hacer creer; a los que esperamos claridad y a quienes nos apagan la luz; a los que gritan a viva voz y a los que se hacen los sordos; a los transparentes y a los opacos: a los postulados y a los renunciados: a los que creemos en un solo país y quienes lo picaron en pedacitos; a los honrados y a los estafadores. Incluye a Jorge y sus secuaces, María, a ver si los muchachos entienden que están pillaos y que no tienen para dónde coger más que el camino de la renuncia ¡en cambote! Puedes incluir a José Vicente (el viejo) a ver si logramos que elimine el veneno que lo está corroyendo y en consecuencia al país entero. También puedes meter a Jezze y sus pontificaciones, y a Isaías y a Clodos, en realidad debes incluir en esta santa lista a un gentío María, tu sabrás…

María, haznos esa segundita porfa, qué te cuesta, cuéntale al Señor a ver si se decide y viene a salvarnos de este caos de dimes y diretes; de ser succionados por este hueco negro al que estamos asomados; de terminar de caer en este abismo profundo y aterrador al que nos están empujando. Si lo logras yo me comprometo a organizar una movida entre todas las mujeres del país, a las que suenan y a las que no (lo digo por la mentadera de la que han sido víctimas algunas en los últimos días), para ver si metemos en cintura a tanto manganzón que anda de su cuenta por ahí. Una especie de cruzada en la que las madres venezolanas nos lanzaremos a guiar –como corresponde a las de nuestro oficio–  a presidentes, vicepresidentes, comandantes en jefe foráneos, ministros, diputados, pre candidatos, candidatos y post candidatos, periodistas, defensores, acusadores y detractores por el camino de la cordura, a ampliarles el panorama al sacarlos de su mundillo individual mostrándoles que más allá de sus narices está el país.

Santa María, ruega por nosotros los votadores y los que no; por nuestras huellas dactilares y por el secreto de nuestro voto. Intercede por el destino de nuestras decisiones, que no se vayan a extraviar, otra vez, por caminos desconocidos o que lleguen a destinos indeseados. Aboga por aquello que llaman garantías constitucionales, derechos civiles y otras cositas de esas. Sálvanos de nuevas listas y de futuras morochas.

Y mira, ya que estoy en esto y si no es mucho el abuso, María, te pido, te suplico, te imploro de rodillas y con la frente baja que intercedas ante la autoridad competente para que haga desaparecer de una buena vez y para siempre las benditas máquinas cazagüellas del panorama nacional y, de ser posible, del mundial y hasta del universal, no vaya a ser que después de un periplo por el universo electoral sideral vuelvan a caer por aquí.

¡Ay, María!

Ahora y en la hora de nuestra muerte lenta,

Aaa-mén

 

_________________

Ilustración: Paco Chovet

 

Autor: Ana Black

Compartir

Enviar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *