Menú navideño

Cuando de organizar ágapes en mi casa no soy lo que se pudiera llamar una señora previsiva, tampoco la más organizada, mi tendencia es más bien a dejarlo todo para última hora y resolver a las volandas. Generalmente decido el día anterior, ya cuando me voy a dormir, qué es lo que voy a servir, cuánto debo comprar y cómo lo voy a presentar; nunca tengo noción exacta de cuánta gente está invitada, mucho menos de quienes confirmaron o si hubo alguien que se excusó. No me importa, porque al final todo queda regio, la gente la pasa bomba, todo el mundo come, bebe, conversa, baila y se van a muy altas horas de la madrugada queriéndose a más no poder. Pero este año algo muy extraño me viene pasando desde hace unas semanas, cada vez que voy al mercado una tenebrosa voz me susurra: “Organí-zateee… Ponte moscaaa… Ve a ver qué vas a preparar para Navidaaad…”. Como tengo que ir al mercado todos los días a ver si llegó algo, cada día la voz insiste: “Mira mijaaa… faltan pocos días y viene toda la familia”. Y el vozarrón vuelve al otro día: “No son tus panas, Anaaa ¡es la familia! ¡Tu mamáaaa! ¡¡¡Tus hermanaaas!!! Ve a ver, después no digas que no te lo advertíii…”

Pues bien, contrariando mis más firmes principios decidí –más por salir de ella que por temor a las consecuencias de mi desorganización– hacerle caso a la voz así es que, armada de papel y lápiz, empecé a planificar el menú de la cena del 24: Hallacas, claro está, necesito gallina pero no hay, tampoco pollo, ni cochino ni carne, ni aceite. OK, no pongo hallacas, de repente unos bollitos con pimentón, cebolla y onoto. Si preparo una buena ensalada de gallin… ¡pero es verdad, que tonta, no hay gallina! ¿Y si la hago de muslos de pavo que es lo único –en materia plumífera– que se medio consigue? Podría ser pero no hay huevos para hacer la mayonesa.  Bueno, ya está, hago un pern… Y de la nada sale la voz: “¡Pero bueno, niña… qué tienes hoy… ¿no acabas de decir que NO SE CONSIGUE COCHINOOO?” Es verdad, pero bueno, hago un pan de jam… “¿Sí? ¿Y con qué harina, mamitaaa?”.

Harta ya, y después de mucho darle vueltas a las posibilidades del mercado, con ustedes y para ustedes, el menú:

Ensalada rallada (con medio aderezo porque no hay aceite)

Plátano horneado (sin queso blanco porque no se consigue)

Arroz (si es que hay para la fecha)

Empanadas de atún horneadas (pescado enlatado y harina Pan siempre hay)

Casabe para empujar

De postre: dulce de lechosa.

 

 

TalCual

Autor: Ana Black

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