Won ton

(Empanaditas chinas fritas para pasar el paro)

 

Mi mamá continuamente nos aconsejaba no experimentar una receta nueva cuando tuviéramos invitados. No sé mis hermanas, pero yo siempre me sentí tan confiada en esto del dominio del arte culinario que cuando decidimos hacer nuestra primera invitación de recién casados, me salté la sabia advertencia materna y me lancé, sin previa práctica, con esta receta que hoy comparto.

Junto a la lista de ingredientes les regalo mi experiencia y el consejo de mi madre.

Masa

  • 2 tazas de harina
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1 huevo
  • 1/2 taza de agua
  • Aceite para freír

Relleno

  • 1/4 kilo de carne de cerdo molida
  • 1/4 Kg. de camarones
  • 1/4 de kilo de espinaca sancochada por tres minutos, bien escurrida y finamente picada. Puede sustituirse por céleri, repollo o arvejas previamente cocidas.
  • 1 cebolla mediana
  • 1 ñinguita de sal
  • 1 cucharada de salsa de soya
  • 1 cucharada de maizina
  • 1 huevo
  • 1 cucharada de aceite de maní o de maíz

 

La masa: Se amasan todos los ingredientes hasta que se logre una consistencia suave. Se cubre y se deja reposar por lo menos media hora.

 

Con extremo celo extendí aquella masa hasta lograr que aquello quedara

más delgado que una hoja delgada de papel

según la receta. Como la sugerencia decía que se debían

cortar cuadrados de unos 7 a 9 centímetros,

en el colmo del fanatismo, saqué un promedio, tomé un par de escuadras y me dispuse a cortar láminas perfectamente cuadradas e iguales en su proporción. Comparaba cada una con la anterior y si no pasaban la prueba las desechaba. Así las fui reuniendo, una sobre la otra, en una sola pila sin darme cuenta de que este detalle sería el causante de la desgracia de esa velada.

El relleno:

En realidad, si se es de esas personas que cocinan con ligereza, el relleno de este platillo puede ser de cualquier cosa, siempre que sea un guiso más bien seco y sabroso. Simplemente sofría en el aceite la cebolla picadita, añada la carne y los camarones; cuando estén doraditos, agréguele los vegetales, la salsa de soya y el huevo. Disuelva la maizina en una cucharadita de agua e intégrela a la mezcla para espesar. Pruebe, si hace falta, échele la ñinguita de sal.

 

Lo bueno

Cuando ya tenía todo listo, incluídos los comensales esperando el espectáculo de los wontones, volví a mi masa… a mi torre de masa… ¡a mi bloque de masa! Aquellas láminas más finas que una fina hoja de papel, se habían convertido en una perfecta columna de masa compacta. Nunca tomé la precaución de ponerles un poco de harina antes de apilarlos y el peso hizo que mis trabajadas, sudadas, medidas y admiradas laminitas se compactaran hasta tal punto que fue imposible separarlas ya.

Ante mi desaliento y aconsejados por la que, años más tarde se convertiría en mi doble comadre, los hombres salieron a la carrera a comprar unas formas de masa, de esas horrendas que venden en los supermercados. Aquella parte del proceso en la que yo debía

tomar las laminitas, humedecerles los bordes, ponerles un poquito de relleno,  cerrarlas uniendo al centro las cuatro puntas y sumergirlas con delicadeza en aceite hirviendo hasta que se pusieran doraditos,

se convirtió en la fritanga de unas vulgares empanaditas semicirculares.

Lloré, no lo voy a negar.

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Tómese su tiempo. Una vez fritos sírvalos acompañados de una salsita picante que puede hacer mezclando en media taza de aceite vegetal, 1 cucharadita de ajíes cheshuan (o cualquier ají picante), 2 cucharadas de pimienta cayena y 1 cucharadita de paprika.

 

 

EL NACIONAL

Autor: Ana Black

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