Manual del buen padre (I)

Una sociedad sin fines de lucro

Al decidir formar pareja no se está haciendo otra cosa que establecer una sociedad, nada anónima, más bien pública y mucho menos limitada si entre las proyecciones de la asociación se contempla la posibilidad de crecimiento del número de asociados, es decir, si se piensa en tener hijos. Entonces, lo que comenzó siendo de dos, será luego de tres y si la pareja es valerosa e intrépida, puede llegar a tener cuatro miembros o más. Que el Señor los agarre confesados.

Como en todo consorcio que se respete lo ideal es que exista una figura central que lleve el mando, además de ser la representación del orden, la autoridad y el gobierno, al menos en el plano operativo. Esa es tu mujer: la naturaleza y la astucia femenina así lo decidieron. No vayas a luchar contra algo que ha funcionado, mal que bien, desde aquel día cuando Eva decidió tomar el mando respaldada por una manzana. Ese detalle lo dice todo.

Si la madre está bien, todo está bien

Esta máxima aplica desde el mismísimo momento de la concepción. Por supuesto, lo ideal es que se ponga en práctica desde mucho antes, de manera que gracias a los buenos tratos, el consentimiento y el respeto que la madre reciba, esos óvulos estén en perfectas condiciones —tanto físicas como anímicas— cuando llegue el maravilloso momento en que el audaz y afortunado espermatozoide lo encuentre y ambos se fusionen para iniciar esa extraordinaria sociedad que va a durar toda la vida.

Cuando tu mujer, en los inicios del embarazo, te pregunte cómo le queda la ropa que piensa lucir para esa cena especial, siempre, siempre dile que le queda perfecta. Ella no te lo va a creer, simplemente porque no es tonta y sabe que ya perdió la cintura pero todavía no se le ve la barriga, de modo que está deforme pero aún no tiene evidencia física del embarazo con la que alardear ante la gente. Tú insiste —Estás bellísima. Lo más probable es que ella vuelva a preguntar y pretenda obligarte a decir la verdad, tú, como un disco rayado, te obstinarás en hacerle ver (o creer, da igual) que nunca se vio tan deslumbrante. Aunque haga pucheros. Igual van a salir, quizás con un poco de retraso, pero ella irá contenta y la criaturita en la barriga prosperará en iguales condiciones. Así será durante todo el embarazo y esto, es nuestra obligación decírtelo, se agravará después del parto. Tú recuerda, disco rayado.

A partir de este momento y cada vez que ella consulte algo relativo a la crianza del retoño (si es que lo llega a hacer) tú responde exactamente lo que ella quiera oír. Eres hombre y debes saber cómo hacerlo, si no, pide ayuda, todavía estás a tiempo.

Los mirones no  son de palo

Es verdad, la naturaleza no te dotó de ese par de herramientas que hasta ahora considerabas de tu propiedad y que repentinamente pasaron de ser generadoras de placer al alimentar a otra boca, pero seguramente tienes esa capacidad de sacrificio que hasta ahora se nos endilgaba sólo a las madres. Insiste en ser despertado para la comida de la madrugada. No podrás alimentar al bebé, ya lo sabemos, pero sí puedes sacar gases y cambiar pañales. No te imaginas la cantidad de beneficios que obtendrán los tres con este simple detalle: Ella, por estar en esas funciones durante todo el día y tener un severo déficit de sueño, te agradecerá desde lo más profundo de su corazón que le concedas aunque sea unos minutos más de descanso. El bebé, aunque no lo creas, se sentirá seguro al advertir que hay alguien en condiciones mentales más o menos equilibradas, cumpliendo la función de mantener a mamá alerta de manera que no se quede dormida sobre él antes de completar su cometido de alimentarlo. También estará sumamente complacido cuando le saquen los gases sin apresuramientos y le pongan el pañal al derecho. Por tu parte disfrutarás el enorme placer de tener a tu criaturita para ti solo, sin la interferencia de abuelas, tías, madrinas y afines.

Comienzan a disfrutarse los beneficios

No nos engañemos, a la madre siempre le tocará llevar el control, mantener el orden y saber dónde está cada cosa. Eso, además de ser así porque la naturaleza lo impuso, nos encanta. A papá, por el contrario, le corresponde la tarea de relajar las normas, debilitar las formalidades, incitar la guachafita. Esto fue impuesto por la naturaleza de los nuevos tiempos. Al fin y al cabo es una época en la que generalmente ella está durante todo el día en casa con el bebé y tú sólo lo puedes disfrutar cuando llegas del trabajo, así es que, haciendo gala de tus mejores dotes sugestivas, puedes llegar a alargar un poco más ese límite de hora para ir a la cuna, la duración del baño o el tiempo de permanencia del bebé en la cama principal. La gran recompensa será una complicidad única que con el pasar del tiempo se traducirá en una carita sonriente que espera tu llegada para pasarla rematadamente bien, como sólo con papá se puede hacer.

Aunque a veces los mirones deben ser de palo

Cuando el nene esté aprendiendo a comer solo y —emocionado— llene de pastina la mesa, la casa y la cara de los demás; cuando diga en su media lengua la primera palabrota (que lo más probable es que la haya aprendido de ti);  cuando aparezca pintado como un payaso, entonces pondrá a prueba, junto a esa complicidad de la que hablamos anteriormente, la autoridad única de la casa, porque a ti te va a dar mucha risa y ese niño que nosotras insistimos en ver que vive en ustedes (y es verdad) sentirá la enorme tentación de festejar la gracia. En esos momentos, si es que se te hace imposible cuadrarte  con el orden que mamá intenta establecer, lo más aconsejable es que, como si estuvieras involucrado en la travesura, bajes la cabeza y disimules la sonrisa, de otra manera los sermoneados serán dos y la criatura nunca sabrá si eres el padre o simplemente un hermano con problemas de hiper desarrollo físico. Años después cuando pretendas ejercer control en el horario de llegada de las fiestas o el uso indiscriminado del teléfono te pueden tirar una trompetilla. No te preocupes, si todo sale bien, tendrás grandes oportunidades de lucir tus dotes de mando cuando lleguen las calificaciones de ese infante que tan rápido se convirtió en adolescente.

Conclusiones

En esta primera entrega del “Manual del buen padre” concluimos que:

Una sociedad en la que las responsabilidades son compartidas por igual es proporcionalmente beneficiosa para todos los miembros.

El mando, al menos en estos primeros meses de la vida del bebé, lo tiene la madre. No en vano fue ella quien echó barriga y se caló los dolores del parto.

Aunque sea ella quien lo amamante, lo cuide y logre crear un mundo en el que aparentemente tú no tienes cabida, estás en capacidad de crear una relación especial con tu hijo, relación ésta que fortalecerá la unión entre ambos y por sobre todas las cosas le hará ver al pequeño las bondades de tener un papá cercano y retozón.

El nacimiento de tu hijo alborotará al niño que vive en ti. No abuses.

 

 

Revista Mis niños y yo

 

 

 

Autor: Ana Black

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